¿Es necesaria la preparación al parto?

La preparación al parto puede considerarse necesaria, a mi juicio, siempre que se entienda en un sentido profundo y amplio que no parece ser el que más peso tiene hoy en día. La preparación al parto no debería interpretarse como una tabla de gimnasia y respiraciones, unos ejercicios para fortalecer los pezones (¡!) y ciertas técnicas encaminadas a fortalecer el periné; es decir, no debería interpretarse como se hace ahora. Más bien yo abogaría por, sencilla y directamente, preparar a la MUJER para convertirse en MADRE; esto es, por INFORMARLA concreta y correctamente acerca de qué es parir, cuál es la fisiología y los “tempos” del parto, qué va a vivir, qué va a sentir, a qué va a enfrentarse… Preparar a una mujer para el parto debería ser informarla y por lo tanto, con dicha información, ofrecerle los recursos necesarios para decidir cómo quiere vivirlo.

La oferta actual en lo que a preparación al parto se refiere, al menos dentro del sistema de la sanidad pública, está a años luz de este concepto. Es cierto que hay gran cantidad de cursos de preparación al parto (“preparación maternal”, en algunos lugares), gestionados desde los centros de salud de cada barrio, pueblo, ciudad y, a primera vista, cargados de buenas intenciones. Esta oferta extensa resulta que lo es, no obstante, solo en cantidad; en calidad no hay extensión ni amplitud ninguna porque, con pequeños matices diferenciadores, todos los cursos están cortados por el mismo patrón y adolecen de los mismos problemas:

-Son IMPERSONALES: se dirigen a “LA embarazada” como figura abstracta, sin tener en cuenta a las mujeres embarazadas reales, con sus características y expectativas concretas.

-Son PARCIALES y estrechos de miras: solo contemplan una forma posible de parto, a saber: hospitalario, “ayudado” por cierta dosis de oxitocina, en posición de litotomía y con epidural. El parto en casa se considera una rareza y apenas se hace una mención “de pasada” a la posibilidad de preparar y presentar un plan de parto en los partos hospitalarios.

-Son sutilmente (y a veces no tan sutilmente…) DIRECTIVOS: precisamente apoyados en esa parcialidad, empujan a las mujeres que acuden a ellos a considerar necesarios los ejercicios concretos que enseñan (ésos y no otros), sus técnicas de relajación (supuestamente imprescindibles para parir correctamente), las formas de analgesia que comentan, etc.

-Pretenden ser tan ABARCADORES, contar tanto en tan poco tiempo y sobre tantas cuestiones distintas (parto, lactancia, nociones de puericultura y crianza…) que acaban deslizándose al extremo contrario y resultando descorazonadoramente VAGOS y SUPERFICIALES. Incluso, en ocasiones, las informaciones que ofrecen pueden calificarse de erróneas o cuando menos discutibles: hay que frotarse los pezones durante el embarazo para fortalecerlos de cara a la lactancia, el parto normal dura unas 8 ó 10 horas en el caso de una mujer primípara, la lactancia materna a demanda solo tiene sentido en las primeras semanas, después hay que establecer horarios y rutinas… y un tristemente largo etcétera.

Considerando estos rasgos negativos y otros quizás secundarios, como la rigidez de los horarios, la desgana con la que a veces se imparten, etc., cabría pensar que estos cursos aspiran a cubrir más una necesidad administrativa que social; que se preparan y se imparten como una obligación, porque hay que hacerlos, que son solo un elemento más en el complejo y protocolizado esquema de la atención al embarazo y que, en medio del mismo, no tienen demasiada importancia para nadie y a nadie convencen demasiado… y realmente, llegado el momento del parto, la utilidad de estos cursos suele revelarse como muy, muy escasa…

Es cierto que existen alternativas a estos cursos públicos: cursos impartidos por clínicas y centros de salud de carácter privado y otros gestionados por organizaciones y asociaciones que promueven el parto y la crianza conscientes. El problema al que se enfrentan estos últimos es, no obstante, que resulta difícil acceder a ellos porque no cuentan con apenas publicidad ninguna fuera del círculo concreto de personas y profesionales cercanos a esos planteamientos, a esa manera de entender la maternidad. Resultan por tanto bastante opacos y pasan lamentablemente muy desapercibidos para muchas mujeres.

Dado que es la sanidad pública la que mayor contacto puede tener con las mujeres embarazadas, la que más influencia puede ejercer sobre el grueso de aquéllas a quienes puede interesar un curso de preparación al parto, debería ésta hacerse responsable de mejorar la calidad de dicha formación y hacer un esfuerzo por ofrecer algo mejor, más cuidado: más y mejor INFORMACIÓN, información más CONCRETA (centrada en menos puntos de contenido pero, eso sí, más relevantes…), más ABIERTA a diferentes alternativas, más respetuosa con las mujeres que decidan optar por dichas alternativas y, sobre todo, más PERSONAL. Debería existir la posibilidad de que cada mujer tenga acceso a un programa de preparación a SU parto, al tipo de parto que ella desee. Quizás la figura ideal para focalizar esta formación sea la matrona y la forma más efectiva de ofrecerla sea, en lugar de en grupos y con horarios, en las mismas visitas regulares de la mujer embarazada a su consulta, en su conversación con ésta, de tú a tú, con más confianza y cercanía…

Podría ser también función de esta misma matrona (soy consciente de que estoy hablando en términos de ideales y de que, tal y cómo funcionan las cosas ahora mismo, todo esto resulta poco menos que utópico) avanzar un complemento a la preparación al parto que yo personalmente creo que es tan necesario como ésta: una suerte de “preparación al puerperio”. Pues el puerperio no es un momento menos delicado y significativo que el parto, pero sí que está muchísimo más silenciado y oculto. Nadie te prepara para él, nadie te habla de él, ni siquiera sabes lo que es hasta que te lo encuentras encima… No estaría de más ponerlo un poco a la luz y hablar de él un poco, hablar de lo que se encuentra la nueva madre en esa etapa, de los retos y dificultades que puede atravesar, de lo “rara” que va a sentirse y de lo normal que, aunque a ella le parezca increíble, es sentirse así… Establecer siquiera el esbozo de esa “matriz de apoyo” de la que habla Daniel N. Stern en alguno de sus textos… para que cada mujer pueda prepararse, escuchada, acompañada y sostenida, a vivir con plenitud su propia maternidad.

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