¿Qué factores influyen en la vivencia del postparto?

Ante esta pregunta, la primera respuesta que suele surgir es “la experiencia del parto”. Que existe una relación muy directa entre las experiencias de parto y posparto me parece algo clarísimo, evidente. Un “mal parto” puede dejar en la madre reciente una herida profunda y difícil de curar, puede tener un efecto psicológico destructivo, devastador, y abrir la puerta a pensamientos negativos del estilo de “no he sabido parir bien, así que probablemente tampoco seré capaz de ser una buena madre…”, pensamientos éstos que, está claro, enrarecen la experiencia del posparto y lo convierten en una etapa marcada por angustias, miedos, confusiones, inseguridades… Un “mal posparto”, en definitiva.No es una elucubración, hablo desde la experiencia. Si esto es así, quiero suponer que un parto gozoso, satisfactorio, reforzará la autoestima, la tranquilidad y la confianza de la madre ayudándole a afrontar las semanas-meses posteriores con un ánimo más positivo y con más posibilidades de disfrutar de esos momentos en lugar de padecerlos, o como dar de mamar también.

Ahora bien, ¿hasta dónde llega esta relación, cómo de determinante o de decisivo es “parir bien” para tener un buen posparto? El parto influye poderosamente en el posparto, sí, pero lo cierto es que detrás de ese parto, sea bueno o malo, hay mucho más; hay muchos más elementos que se han sumado al mismo para definir la calidad del tiempo de posparto. La experiencia del parto es fundamental, considero, pero es que ya la propia experiencia del parto viene condicionada por otros factores; así que, quizás, no es del todo justo establecer una relación directamente proporcional entre “buen-mal parto” y “buen-mal posparto”, sino que hay que desplazar el acento hacia lo que, ya antes, ha hecho de ese parto un parto bueno o malo, hacia lo que nos ha hecho sentirlo como una experiencia positiva o negativa. Estaríamos hablando de algo así como el equipaje personal con el que nos hemos embarcado en el viaje hacia y a través de la maternidad.

¿Qué hay en este equipaje? ¿Cuáles son, a mi juicio, esos factores que influyen en la experiencia del parto y, por ende, en el ánimo con el que se afronta el posparto? Distinguiría los siguientes:

  • La VIVENCIA DEL EMBARAZO: Si éste fue más o menos deseado, si se vivió de una forma más o menos “patológica”, con más o menos cansancio, inquietudes, ilusión, compañía… E incluso, antes de eso, la vivencia del deseo/necesidad/apetencia… de ser madre. La búsqueda, la espera, la ansiedad o la calma con la que se llevó, si fue siempre un deseo compartido con el padre o no… El bebé con el que de repente nos encontramos en los brazos puede ser la culminación a todo este proceso, la “guinda” o la meta… y esto puede parecer una emoción positiva pero, quizás, para algunas mujeres, puede suponer también un repentino vacío, un final, un “se acabó”, un “¿y ahora qué?” con el que no habían contado. También puede interpretarse como un error o un problema cuando se trata de un bebé no deseado, una bomba cargada de discusiones, desencuentros, frustraciones etc.; o, en el extremo opuesto, como el inicio de una vida nueva con un significado y una plenitud inimaginables sin su presencia. Hay infinidad de casos diferentes según sean las diferentes circunstancias que han acompañado al embarazo y al parto de cada mujer en concreto.
  • Las EXPECTATIVAS con las que la mujer ha llegado al parto y al inicio del posparto y, por supuesto, el abismo que puede llegar a abrirse entre dichas expectativas y lo que se ha encontrado en realidad. Si una mujer ansiaba un parto respetado y ha sufrido una invasión médica; si otra creía que iniciaría la crianza en plena forma y sin problemas y se encuentra varios días después del parto absolutamente exhausta, dolorida por los puntos de la episiotomía e incapaz de establecer una buena lactancia; si una tercera esperaba tener un niño modelo, tranquilo y silencioso, pero resulta que su hijo está enfermo, apenas duerme y llora constantemente; si una última creía que la maternidad-paternidad supondría una unión de por vida para ella y su pareja, pero encara el posparto tramitando una separación… Son todo expectativas frustradas, rotas, que condicionarán del todo su estado mental y anímico a la hora de establecer un vínculo con su hijo y comenzar la andadura del posparto.
  • Bastante relacionado con lo anterior, la EXPERIENCIA DE LA MATERNIDAD en su círculo más íntimo, bien sea a través de amigas o en la propia familia. A una mujer que no ha tenido un contacto cercano con otras madres y con las vivencias de éstas es más posible que todo lo que le ocurre en las primeras semanas como madre se le antoje absolutamente terrible, que todo se le haga raro, que se sienta incapaz de reaccionar en situaciones con las que no contaba.
  • Y a su vez relacionado con esto último, tenemos el tema de la INFORMACIÓN de la que la mujer dispone y sus recursos para gestionarla y utilizarla correctamente. Probablemente saber de antemano cómo discurre un parto en un hospital ayude a no crearse expectativas casi imposibles de realizar; y conocer la existencia de doulas, asesoras de lactancia, grupos de apoyo, etc. contribuya a no darse tan fácilmente por vencida ante los problemas que vayan surgiendo; y tener la información de que el posparto suele ser una etapa convulsa, intensa, compleja a nivel emocional, evite encontrarse de sopetón en una situación que no se imaginaba, de la que probablemente nadie le había avisado y ante la que no sabe cómo actuar.
  • Factor fundamental, la COMPAÑÍA y el APOYO con los que cuente lamujer. Y al hablar de contar con compañía y apoyo en el momento del posparto no me refiero a tener a mucha gente alrededor (es totalmente cierto el tópico de que puedes estar rodeada de gente y sentirte muy muy sola…) y, además, que esa gente “haga cosas” para ayudar. No, para favorecer un buen posparto entiendo que “compañía y apoyo” han de ser sinónimos de otros términos como “comprensión”, “empatía”, “respeto”… Quizás la madre o la suegra que va a pasar unos días a casa tras el parto para ayudar con el bebé y no para de sugerir que le prepare un biberón para que no llore acompaña y apoya tan poco como el padre que desaparece y se desentiende de todas las tareas, o como los amigos que se presentan sin avisar con intención de quedarse a pasar la tarde, o… Quizás acompañe y apoye más la amiga que vive lejos y, por teléfono, se limita a escuchar, a no juzgar, a calmar los nervios de la mujer en posparto con palabras tranquilas y cariñosas; o, sin duda, la doula que, desde la perspectiva de una sana distancia emocional, le aporta un espacio en el que verter todas sus inquietudes sin recibir malas caras ni comentarios desafortunados.
  • Por último, la actitud de la mujer ante TEMAS TANGENCIALMENTE RELACIONADOS CON LA MATERNIDAD, tales como la carrera laboral, el aspecto físico, lo que entienda por “calidad de vida”, su manera de entender conceptos como “feminidad” o “sexualidad”, etc. Una mujer que entienda que su feminidad se ha visto reforzada por el hecho de ser madre y que se sienta realizada a causa de ello vivirá una experiencia de posparto a priori más positiva que la que pase el día preocupada por cómo la maternidad va a afectar a su carrera laboral, si supondrá un frenazo y un obstáculo, etc.

Todos estos elementos me parecen imposibles de eludir a la hora de entender una vivencia de posparto. Todos ellos, creo, tomados de una manera amplísima y abarcadora, son los que la definen y determinan.

Y entre todos estos elementos, nos queda por mencionar el componente hormonal-fisiológico que actúa también en la experiencia del posparto. El descalabro hormonal, la hipersensibilidad e hipervulnerabilidad de la mujer en medio de esa tempestad de hormonas y de ese torbellino de acontecimientos física y psicológicamente tan intensos… está claro que son un factor a tener en cuenta. Pero a mí, personalmente, me parece claro que son sólo eso: un factor más. El elemento ambiental, social, cultural, familiar etc. tienen el mismo o mayor peso que éste, no hay que perderlo de vista, y que por esto somos humanos.

Esto me ha llevado a preguntarme si podría hablarse de “posparto” en el caso de las madres adoptivas. Y creo que, sin duda, sí. No sé si con ese nombre (puerperio, tal vez, sería más adecuado en este caso), puesto que las madres adoptivas no cuentan con el factor “parto” ni con el factor “hormonas”, pero sí pueden arrastrar expectativas frustradas, pueden tener preocupaciones laborales, pueden sentirse solas, incomprendidas, perdidas y sobrepasadas… Comparten con las madres biológicas toda esa lista de factores antes mencionados y, lo más importante, comparten la raíz y esencia de lo que, a mi juicio, es la experiencia del posparto: el momento de encontrarte con tu propia maternidad, no la prevista-soñada-temida sino la REAL, con todo lo que ello supone: que es efectivamente REAL y no responde a expectativas; que es TUYA y, por tanto, de poco te sirve el ejemplo de otros; que, quieras o no, es un cambio de vida; y que es, con todo lo que eso implica, PARA SIEMPRE.

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